Valiente como ella sola, con la voz estrangulada por la emoción, Pepi Fernández, nuestra Pepi, fue pasando una por una por todas las aulas del instituto para despedirse. “Solo quiero deciros que hoy es mi último día, y que os doy las gracias por el respeto y el cariño que me habéis dado siempre. Os quiero” Y con estas palabras pasaba uno por uno para regalarles un bombón… La reacción unánime del alumnado fue devolver todo eso en forma de abrazos, lágrimas y también regalos. Todos, pequeños, grandes, todos quisieron hacerse fotos con ella (podéis pinchar en la segunda imagen y ver el magnífico reportaje fotográfico de Amparo Sáiz).

Profesional de la limpieza, preocupada por el Estellés como si fuera su casa, efectivamente se hizo respetar y querer por el alumnado. Alumnado que conoció cuando las señoras de la limpieza pasaron al turno de mañana; y eso fue un gran valor añadido en la educación de la chavalería, pues aprendieron con ellas el valor del trabajo, a respetarlas y a mantener su entorno más limpio y ordenado; Pepi les enseñó eso, pero además ejerció casi como “abuela” de todos: les escuchó en los malos momentos, les animó a estudiar y portarse bien, hasta llevaba chocolatinas en el bolsillo para aquellos que no tenían almuerzo… y ahora que está felizmente jubilada todos, grandes y pequeños, echamos en falta esa figura menuda que iba por los pasillos con su carro firmado por alumnos, su letrero “PEPI”, y una gran sonrisa que transmitía con su mirada.

Pepi, has dejado el listón muy alto. Te deseamos una feliz jubilación, y vuelve a esta, tu casa, cuando quieras. ¡Te queremos!